El pájaro gris fue golondrina,
Se posaba al lado de las chimeneas
Y cantaba su polvorienta canción,
Trinaba.
Pero ya no hay, ya no hay pájaro.
A nadie le importa, a nadie le importa, a nadie le importa
Ni si quiera a él, que nunca fue nada,
Y ahora, menos que nada.
Desagradable olor,
Pudriéndose tras el cristal,
En el alféizar de la ventana,
En su tumba bajo el sol corrosivo,
Bajo la luz que no ilumina.
Poemas de un frasco
martes, 8 de julio de 2014
miércoles, 4 de junio de 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
I.
Apreté con la mano la piedra vieja, y la sangre salió de ella,
corrió como un riachuelo por mi brazo de madera.
En mi pecho había una lechuza cantando las mismas dos notas siempre, columpiándose entre mis engranajes de intestinos.
Me senté en una roca del desierto, y esperé a que llegara la noche
como quien espera a que llegue el tren azul y no llega.
Mi mano se abrió y se calló la piedra en el desierto,
y su sangre lo tiñó de rojo.
Me costaba respirar, el cielo morado pesaba , como pesa un muerto en el agua.
Cuando llegó la noche, vinieron las culebras y se comieron los hombros sobre los que sostenía el cielo,
y el cielo se cayó.
corrió como un riachuelo por mi brazo de madera.
En mi pecho había una lechuza cantando las mismas dos notas siempre, columpiándose entre mis engranajes de intestinos.
Me senté en una roca del desierto, y esperé a que llegara la noche
como quien espera a que llegue el tren azul y no llega.
Mi mano se abrió y se calló la piedra en el desierto,
y su sangre lo tiñó de rojo.
Me costaba respirar, el cielo morado pesaba , como pesa un muerto en el agua.
Cuando llegó la noche, vinieron las culebras y se comieron los hombros sobre los que sostenía el cielo,
y el cielo se cayó.
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